MEDITACION
 

Afligido para despertarme
Agosto 20, 2010

¿Sientes qué todo está en contra tuya? Esta podría ser la razón….

“Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra.” - Salmo 119:67

 

escarriarse: h7683. shagág; raíz prim.; descarriarse, i.e. (fig.) pecar (con más o menos apología):—andar, descarriar, pecar.

Cuándo escuchas esta palabra, “descarriado”, ¿qué viene a tu mente? ¿Culpabilidad? ¿Pecado? Es obvio que algo no esta bien con una vida descarriada.

David contrasta la vida descarriada con una vida que guarda los mandamientos. Así que no hay duda que una vida descarriada sea una vida de pecado.

Pero la elección de palabra que David presenta aquí es muy importante porque nos dice algo de las motivaciones del que está siendo humillado, afligido.

La palabra que me refiero, por supuesto, es shagag, y es usada para los pecados inadvertidos, no intencionales. Así que la aflicción y humillación de Dios se presentan para despertarme, para advertirme. No es juicio, sino anunciamiento.

Cuando finalmente comprendo en mi espíritu que las cosas no están yendo bien, es Dios quien me está ayudando a ver que las decisiones, valores, y estilo de vida que he tomado no estaban bien. La aflicción enfoca mi atención y entonces comprendo. “Oh, Señor, ahora puedo ver. Estaba equivocado, pero no lo sabía.”

Ahora podemos comprender porque el versículo no dice, “Antes que fuera juzgado, descarriado andaba.” Juicio y castigo siguen el pecado intencional. El pecado intencional infiere que la persona sepa hacer lo correcto e intencionalmente hace lo incorrecto, simplemente porque puede. La marca de un hombre rebelde es la afirmación que él lo hace porque puede.

Ciertamente Dios juzga la rebelión, pero trae aflicción a aquellos quienes no sabían que estaban fallando la marca y necesitaban ser corregida su visión.

Antes que Dios corrigiera mi entendimiento de la Ley, yo pecaba contra Él sin darme cuenta en muchas áreas que ignoraba. Era pecado todavía y no era menos serio. Todavía mi pecado se levantaba entre mi Dios y yo. Pero Él no me aplastó en la tierra. No me acarreó a las tinieblas. No me destruyó.

¿Qué es lo que hace nuestro Señor? Él trae aflicción. Él permite la humillación, el sufrimiento necesario que me ayuda a ver mis caminos y hacer corrección. Es una demostración de Su Gracia, de Su Amor. Me merecía algo mucho peor, pero nuestro Padre nunca actúa sin compasión y misericordia.

Hay una historia en la Biblia que debemos recordar. Génesis 20 es un gran ejemplo de pecar inadvertidamente y la demostración del carácter misericordioso de Dios.

“2 Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara.
3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido.
4 Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente?
5 No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: ¿Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto.
6 Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases.
7 Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos.

17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos.
18 Porque Jehová había cerrado completamente toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham.”                             – Génesis 20

Por supuesto, una vez que tú sepas las cosas, todo cambia. No podemos descarriarnos con el mismo pecado dos veces. En la segunda vez, Dios usa una táctica diferente. Pero si somos como David, la primera vez es más que suficiente para poder decir, “más ahora guardo tu palabra.”

                                     

                                      En Su misericordia …
                                                                                 Dr. Johel LaFaurie  

   

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