MEDITACION
 

¿Dónde encontrar el Poder para resolver los problemas de la vida?
Cómo experimentar el Poder de Dios
Septiembre 13. 2010

 

amos a ver cuatro aspectos importantes para experimentar el Poder y salvación de Dios.

Primero, para encontrar el Poder de Dios para resolver los problemas que enfrentamos, tenemos que cambiar de perspectiva de la vida.

“He aquí, estas cosas son sólo los bordes de Sus caminos; ¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de Él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?” Job 26:14

¿Hemos considerado el Poder de Dios? Oh, hablamos de Su majestad, de sus actos creativos, y de sus milagros, pero ¿hemos realmente experimentado Su poder?

Se escucha un poco de recuperación medica y de alivio financiero, pero casi no se escucha que el ciego recobró la vista, que el paralítico vuelve a caminar o que los muertos resucitan. Los milagros descritos en las Escrituras no parecen ser parte de nuestra agenda más.

¿Crees que Dios cambió de táctica, se olvidó de nosotros, o debe haber otra razón?

Yo creo que vivimos en una sociedad anestesiada de la majestad de Dios. Estamos adormecidos y sin fe por tanto entretenimiento. No tenemos la expectativa ni esperamos ver el poder de Dios porque bien profundo de nosotros no creemos que Dios pueda hacer algo. Podemos decir las palabras religiosas pero ellas no son parte de nuestra manera de vivir.

Hemos levantado una vida secular y otra “sagrada”. Podemos hablar de las cosas de Dios y de la Biblia, pero cuando se trata de nuestra vida, todo lo que hacemos es secular. Secular significa todo aquello basado en la opinión y deseo humano. Sagrado significa todo aquello dedicado para la gloria de Dios. Nuestra ropa es secular, lo mismo que nuestra salud, el manejo de nuestras finanzas, educar a los hijos, formación de la familia, etc.

En fin, todo esta saturado de nuestra perspectiva y lógica. Prácticamente Dios está fuera de nuestra vida. Por ello es que no vemos Su Poder.

Para ello, Job nos da un dramático y rotundo NO. Él nos llama a cambiar la perspectiva de la vida. Cuando cada aspecto pequeño de nuestra vida sea lleno de lo divino en lugar de lo secular, entonces vamos a comenzar a ver el Poder dramático de Dios.

Tal como nos aconseja el sabio, “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos” Proverbios 3:5-8).

Si Dios es el Creador, entonces todo lo que hemos contemplado de la creación no es más que Su leve susurro. Job nos dice que “estas cosas son sólo los bordes de Sus caminos.”

Cuando Dios habló, el Universo vino en existencia. ¿Crees tú que esto es fabuloso? Ciertamente lo es, pero eso es sólo un susurro de lo que Dios puede hacer. ¿Quién podrá sostenerse delante de Su Poder?

Comenzaremos a ver el poder de Dios cuando contemplemos y hagamos nuestra vida desde Su perspectiva, desde Su Verdad. Hemos sido entrenados a ver todo desde nuestra manera pequeña y egoísta: mi problema, mi vida, mis derechos, mis oportunidades, mi desarrollo, mis sentimientos, mi opinión, mi honor.

El antiguo profeta Isaías no dice que cuando contemplemos todo lo nuestro como vanidad y como hierba que se seca, entonces se manifestaría el brazo de Dios [Isaías 40:3-10].

- ¿Cómo tengo que preparar camino a Jehová, y preparar calzada a nuestro Dios? “Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.” Se manifestará la Gloria de Dios cuando todo lo nuestro no ocupe Su gloria. Nosotros nos aferramos a lo vano y temporal con gran gloria.

- ¿Qué tengo que decir a grande voz en medio del desierto?  “Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

No es un mensaje popular el anunciar que todo lo nuestro es vano y que entre más nos aferramos a ello, menos veremos la salvación de Dios. Toda opinión filosofía y lógica de hombre es temporal, pero la Palabra de Dios es eterna. Es la única que permanece.

- Tiene que ser una proclamación fuerte y aguerrida. “Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! No es fácil ir en contra la corriente, en contra de la cultura y sociedad.

Frecuentemente vemos a Génesis 3 desde nuestra perspectiva, desde nuestra perdida. Pobre Adán y Eva, dolores de parto, sudo en la frente, duro trabajo, fueron echados del huerto. Maldición y dolor.

Pero las Escrituras nos fueron dadas para ver la revelación de Dios. Son para verlo a Él, Su Gloria, Su Majestad, Su Gracia, Su Plan, Sus Propósitos. En Génesis 3 vemos a Dios rechazado, despreciado, acusado, culpado, difamado, dudado, cuestionado, y a pesar de todo ello, vemos Su corazón redentor.

- Después de saturar nuestra vida de la opinión, planes y propósitos de Dios, veremos Su poder. El profeta nos promete: “He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro.”

¿Crees que Dios te ha olvidado y abandonado? ES todo lo contrario, somos nosotros los que nos hemos olvidado de Él. ¿Crees que Dios no puede tratar tu enorme problema? Le veremos a Él y Su poder cuando Su Palabra sea absoluta en nuestro corazón. Recuerda que todo lo has visto hasta ahora es tan sólo un leve susurro de Su Gran Poder.

Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón?  No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos?  Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán. Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige?  El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan.  Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos.”                          – Isaías 51:9-15

 

Segundo, para encontrar el Poder de Dios para resolver los problemas que enfrentamos, tenemos que estar concientes de una gran tentación.

“Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar.” – I Reyes 2:28

Joab, brillante general militar y comandante del ejército de David, se mantuvo firme bajo la gran prueba de su vida, manteniéndose leal a David y no volverse tras las mentiras y ambiciones de Absalón. El hijo de David, Absalón, se levantó contra su padre con mentiras y seducciones, y robó el corazón de la gran mayoría del pueblo, pero nos dice la Biblia que Joab no se adhirió a la fuerte rebelión de Absalón.

Esto fue una gran prueba para este general del ejercito, mantenerse leal a David, no fue nada fácil. Pero al final de sus años, tristemente, Joab se volvió y siguió a la rebelión cobarde y débil de Adonías, el cuarto hijo de David.

Siempre nos mantengamos alerta que sólo somos guardados por el Poder de Dios. Si Dios no nos guarda, en aquello que nos creemos fuerte, es dónde vamos a ser tentados a caer.

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”
                                                                               – I Corintios 10:12-13

Te has mantenido victorioso a través de grandes crisis, pero está alerta acerca de aquellas cosas que aparecen menos posibles para hacerte caer. Cuídate de aquellas áreas en que has experimentado victoria porque son las más probables de afectarte. Cuidado de las aguas mansas porque pueden llegar a ser una doble debilidad.

El Apóstol Pedro nos enseña que somos guardado por el Poder de Dios mediaste la fe. Es allí que nos tenemos que mantener.

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,  para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,  que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.”                                                       – I Pedro 1:3-5

Todos los personajes bíblicos cayeron en sus puntos fuertes no en sus débiles. En aquellos puntos que creían que habían conquistado y que ya no tendrían problemas mas.

Mantengámonos continuamente en ese lugar de Fe que cada día somos guardados por el Poder de Dios y nunca descansemos en victorias pasadas.

 

Tercero, para encontrar el Poder de Dios para resolver los problemas que enfrentamos, tenemos que tener un corazón inclinado hacía Dios.

La atención del mundo es bien fuerte. Las cosas materiales y temporales luchan por nuestra atención. Cuando tenemos un ojo puesto en Dios y el otro puesto en este mundo, nunca podremos experimentar el Poder de Dios. ¿Cómo podemos conquistar un corazón dividido? ¿Cómo experimentaremos victoria?

El salmista nos enseña: lnclina mi corazón a tus testimonios, Y no a la avaricia” (Salmo 119:36).

Inclinar el corazón a Dios es una obra de la Gracia y no de nuestro poder. La palabra Inclinar es la palabra hebrea natá [h5186] y significa estirar o esparcir, rendir, adherirse, tender, proponer. Es decir, estirar mi corazón para obedecer y deleitarme sólo en Dios. Esta es la cura de un corazón dividido. Este es un corazón que experimentará el Poder de Dios.

Tal como David nos enseña, “Por el camino de tus mandamientos correré, Cuando ensanches mi corazón. Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, Y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón” (Salmo 119:32-34).

El sabio nos indica, “Como los repartimientos de las aguas, Así está el corazón del rey en la mano de Jehová; A todo lo que quiere lo inclina” (Proverbio 21:1). E “inclina tu oído y oye las palabras de los sabios, Y aplica tu corazón a mi sabiduría” (v. 22:17).

Yo deseo obedecer a Dios y agradarle en todo, pero las cosas de este mundo me llaman tanto la atención. Mi lealtad a Dios es una lucha. La razón de ello es que mi corazón no está inclinado hacía Dios.

¿Cómo perseveraron los santos antiguos? ¿Cómo ellos experimentaron el Poder de Dios?

La respuesta se halla en la fe de las vidas de estas mujeres y hombres. ¿Cómo pudo Abrahán levantar su daga brillante para traspasar el corazón de su hijo? Porque él creyó que Dios tenía el poder para resucitar a Isaac y era fiel para guardar Sus promesas de hacerlo una gran nación.

Pero hay algo más en este hombre. Hebreos 11:11-13 nos dice que el enfoque de él era la Ciudad Celestial. Él reconocía que la tierra no era su morada final y por lo tanto vivió todo el tempo como extranjero y peregrino.

“… y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra….Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria.”                                         – Hebreos 11:13-14

 

¿Por qué el cristiano de hoy en día no experimenta el Poder de Dios? Porque su enfoque es este mundo. Su corazón está inclinado para lo pasajero. Pero el corazón de Abraham fue inclinado por Dios para la Patria Celestial.

De igual manera, Moisés en una decisión conciente y clara rehusó los privilegios de ser de la familia real, y escogió en su lugar, ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Él temía a Dios y no la ira de Faraón y celebró la Pascua porque creía que un juicio se acercaba sobre los primogénitos.Él se sostuvo como viendo al Invisible. Su enfoque era lo espiritual y eterno en lugar de lo carnal y temporal

José tenía una competa seguridad de las promesas de Dios y su enfoque era el cumplimento futuro de esas promesas, por ello que al morir por la fe mencionó la salida de los hijos de Israel de Egipto, y dio mandamiento acerca de sus huesos.

Todos estos hombres perseveraron y experimentaron el Poder de Dios que los guardaba porque veían al Invisible. Allí esta la respuesta. Dios en Su Gracia inclinó el corazón de ellos para Sí mismo.

Proclamar las verdades de Sus promesas a aquellos que están cautivos, animar a los creyentes a permanecer bajo cualquier tribulación, y edificar al Cuerpo de Cristo que no desespere bajo cualquier aparente victoria del enemigo, solamente es posible al comprender la perfección de la Fe.

El máximo logro de la fe es victoria sobre la muerte en la resurrección. La máxima realidad de la fe es que nada nos separará del Amor de Dios, que eternamente somos Sus hijos y que reinaremos sobre la tierra.

Qué Dios incline nuestros corazones a estas realidades de la cruz y entonces experimentaremos el Poder del Evangelio. Esta es la visión gloriosa del Reino de Dios.

 

Y por último, cuarto, para experimentar el poder de Dios necesitamos un corazón que sabe honrar, aquel que puede ver el corazón de Dios en cada Ley.

Hemos perdido el verdadero poder de la honra. La Honra es la clave para ver el poder de Dios. 

La honra restaurada en los hijos de Dios es la clave esencial para recibir de Dios, y, precisamente por ese motivo, el enemigo de nuestra alma ha hecho todo por eliminar el verdadero poder de la honra.  La honra conlleva grandes recompensas; recompensas que Dios desea que usted tenga. La honra tiene el poder de mejorar mucho su vida.

Hubo un joven rey llamado Roboam.  Poco después de comenzar su reinado, sus súbditos le plantearon una pregunta: “Su padre nos impuso un yugo pesado.  Alívienos usted ahora el duro trabajo y el pesado yugo que él nos echó encima; así serviremos a Su Majestad’.

El joven rey le dijo al pueblo que regresara en unos días para oír su decisión. Los consejeros de su padre le dijeron: ‘Si Su Majestad se pone hoy al servicio de este pueblo, y condesciende con ellos y les responde con amabilidad, ellos le servirán para siempre’ (I Reyes 12:7)

Pero el joven rey,  Roboam, prestó atención al consejo de sus amigos y obtuvo resultados trágicos.  El reino que su padre Salomón había edificado fue quebrantado, y diez de las doce tribus de Israel quedaron permanentemente fragmentadas cuando cinco de seis partes del reino quedaron quebrantadas por su puño de hierro. Una mala elección tuvo un alto costo durante el resto de su vida.

Cuando llegó el momento decisivo, él carecía del patrón necesario para ejercer un sano juicio. Todos tenemos momentos decisivos.  Son como exámenes con el libro abierto, pero no sabemos que hemos sido examinados hasta que se termina.  Si ya has desarrollado el patrón de prestar atención al consejo sabio, lo seguirás de modo natural y te encontrarás a ti mismo grandemente recompensado.

Los hijos de Israel no habían desarrollado el patrón de prestar atención a la Palabra de Dios.  Él los liberó de la esclavitud, pero ellos repetidamente se quejaron y desobedecieron. Hubo ocasiones en que esa conducta parecía exigir un costo mínimo, y otras en que parecía afectarlos a todos ellos.  Sin embargo, se estaba estableciendo un patrón en el proceso. 

Finalmente, llegó su momento decisivo.  Doce espías fueron enviados a Canaán para examinar la tierra, la cual Dios había apartado para ellos.  Los espías regresaron con un informe de quejas y muy negativo, y toda la asamblea los siguió y comenzó a quejarse como antes, pero en esa ocasión tuvo un elevado costo para ellos.  Nunca entraron en al Tierra Prometida, y durante el resto de su vida estuvieron divagando. 

No hemos de obedecer meramente a Dios; tenemos que captar su corazón.  Es entonces cuando tendremos un vislumbre de la sabiduría que hay tras sus instrucciones, y no sólo verlas como leyes.  Honrar es ver el espíritu de cada ley.

Roboam nunca captó el corazón de su padre ni de sus ancianos. Él nunca captó el espíritu de ellos. No sabía honrar. La generación de los israelitas que salió de Egipto nunca llegó a ver lo que Dios estaba haciendo o la bondad de su corazón hacia ellos, y lo perdieron todo. No sabían honrar.

Por otra parte, hay ejemplos en las Escrituras, tales como Daniel, José y Ester, donde los individuos vislumbraron el corazón de Dios y desarrollaron modelos sabios de tomar de decisiones.  Cuando se produjeron esos momentos decisivos no detectados, ellos respondieron correctamente y recibieron grandes recompensas.

La manera más sencilla de no perder aquello por lo que hemos trabajado es desarrollar patrones para honrar regularmente el consejo de Dios.  Cada día se nos presentan oportunidades de hacer elecciones. Llegará el día en que miraremos hacia atrás y sabremos que estuvimos en un momento decisivo, pero si hemos desarrollado patrones piadosos, los seguiremos, y, más adelante, entenderemos cuál es nuestra recompensa.

Dios es un Galardonador (Hebreos 11:6).  Esta es una verdad que debemos establecer en lo profundo de nuestro corazón. De hecho, a Él le encanta recompensar. ¿Cómo se presentó así mismo a Abraham? “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: ‘No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande”  (Génesis 15:1)

Él dijo: “Yo soy tu… recompensa sobremanera grande”. Guau, qué manera de presentarse a uno mismo.  El Salmo 19:9-11 se hace eco de esto: “Los juicios de Jehová son verdad, todos justos… en guardarlos hay grande galardón”.  Leemos en el Salmo 57:2: “Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece”.

Dios recompensa a aquellos de los que se agrada, que son quienes prestan atención a Su consejo. Agradar y honrar van de la mano.

Recordemos que no estamos hablando aquí de salvación, sino de recompensas. “Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”.  II Corintios 5:9-10

Él decidirá si merecemos que nos premie o nos castigue.  Nuestros pecados no serán juzgados, porque la sangre de Jesús erradicó el castigo eterno atribuido al pecado.  En cambio, seremos recompensados, o sufriremos pérdida, por lo que hicimos como creyentes.  Nuestras obras, palabras, pensamientos y hasta motivos serán inspeccionados a la luz de su Palabra. Las cosas temporales sobre las cuales edificamos nuestra vida serán devoradas, lo que resultará en pérdida, y lo eterno será purificado y se convertirá en recompensas eternas (ver 1 Corintios 3:14-15).

Hemos establecido que los patrones piadosos conllevan la promesa de recompensa en el trono de juicio eterno,  pero su bendición nos alcanza en esta vida también.  Leemos: “Pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”  (I Timoteo 4:8)

Nuestro Padre desea recompensarnos cuando prestamos atención a Su consejo. Se nos dice: “El justo será recompensado en la tierra”  (Proverbios 11:31).  “Los justos serán premiados con el bien (Proverbios 13:21). “El hombre fiel recibirá muchas bendiciones” (Proverbios 28:20).

La Deshonra detiene el Poder de Dios
Nazaret anticipaba con ansia la prometida manifestación del Mesías; ellos vigilaban atentamente porque era la época en que Él debía parecer. No eran distintos a los cristianos en nuestra época, porque la mayoría sabe que estamos en el período anterior a su segunda venida. Jesús dijo que conoceríamos la época o la generación, pero no el día ni la hora. Por tanto, no hay razón para pensar que fuera extraño que los israelitas conocieran la época de Su primera venida. Daniel, en sus escritos, dio el marco de tiempo (Daniel 9:24-26), y los expertos de la ley les dijeron a los sabios de Oriente dónde encontrar al niño Jesús (ver Mateo 2:4). Ellos sabían que había llegado el momento, pero una vez que el Mesías fue revelado en medio de ellos, encontramos una sorprendente reacción.

“Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.”              -  Marcos 6:5

Observemos las palabras “no pudo hacer allí ningún milagro”.  Espera un momento, no dice que Él no hizo ningún milagro, sino que específica: “Él no pudo hacer allí ningún milagro”.Si hubiera dicho lo primero, yo no hubiera vuelto a pensar más en ello, porque se trataría de la voluntad de Jesús.  Sin embargo, “no pudo hacer” significa que Él no se refrenó; más bien Él fue refrenado. 

¿Por qué no pudo Jesús hacer ningún milagro en Nazaret?  ¿Qué lo impidió?  Él hizo grandes milagros en otras ciudades; los ciegos veían, se abrieron oídos, los paralíticos de repente caminaban, y los muertos eran resucitados.  Y esto es sólo una muestra de lo que fue registrado. Con frecuencia, se registró en los Evangelios que Él sanó toda clase de enfermedades  ¿Cuál fue la diferencia? ¿Por qué hubo sólo unos pocos enfermos sanados en aquella cuidad?  Nuestra respuesta se encuentra en las palabras de las personas de Nazaret en los versículos anteriores:

“¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y que sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos?  ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?  Y se escandalizaban de Él.  Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.
                                                                                         - Marcos 6:2-4

Con profunda incredulidad, la gente comenzó a hablar entre ellos mismos.  “¡Es Jesús! ¿Pero qué está haciendo? ¿Qué está diciendo?” ¿Pero quién se cree que es?”

La palabra clave aquí es honra.  Ellos no lo honraron a Él. La palabra griega para honra es time).  La definición simplista y literal de time es “una valoración”. Cuando le dice la palabra time a un hombre griego, él piensa en algo valioso, precioso, de peso, como el oro.

Toda verdadera honra se origina en el corazón.  Por eso Dios dice:  “Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres  (Isaías 29:13). Observemos que Dios dice:  “Su temor de mí”.  La verdadera honra surge de un corazón que teme a Dios. 

Jesús dijo que aquellas personas de Nazaret no lo habían honrado.  Aquellos conciudadanos no lo trataron como valioso y precioso; no lo reconocieron como Aquel divinamente enviado a ellos para cumplir la voluntad de Dios.  Por el contrario, vieron a un hombre ordinario, un muchacho común, delante de ellos. Debido a esto, ellos solamente recibieron una recompensa parcial. Jesús no pudo hacer ninguna obra milagrosa.  No sucedió nada notable; probablemente fueran sanados unos cuantos dolores de cabeza, quizá artritis o un par de dolores de espalda.

El Hijo de Dios, lleno del Espíritu Santo sin medida, fue enviado para sanar a los enfermos y a todos los que estaban oprimidos por el diablo; pero Él no pudo cumplir esa comisión, no porque no fuese la voluntad de Dios que todos fueran sanados en aquella ciudad, sino porque ellos le restringieron a Él al no darle honra.  Lo trataron como a un conciudadano común; por tanto, recibieron una recompensa parcial muy pequeña (solamente unos cuantos de los enfermos fueron sanados).

Recompensa Completa
“Yo iré y le sanaré”  (Mateo 8:7). El centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo.” Un momento, ¿”No soy digno”? ¡Es el conquistador quien está hablando a uno de los  conquistados!  Roma ocupaba la nación de Israel.  Por tanto, ¿por qué le diría ese oficial romano a un carpintero judío: “No soy digno de que entres bajo mi techo”?  ¿Ves cómo ese hombre honra a Jesús?  El oficial romano sabe quién era realmente aquel carpintero; trató a Jesús cómo a alguien muy importante, y le rindió el debido respeto.

“Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: de cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mateo 8:10). Aquel centurión dio gran valor y estima a Jesús.   Jesús declaró que su fe era la más grande.

¿Qué hacía que su fe fuera tan grande?  Era la unión de la honra que le demostró a Jesús y su entendimiento de la autoridad. Lucas 17:5-10 muestra que no es sólo oír la Palabra de Dios lo que produce fe, sino que debe ser suplementado con honra y sometimiento a la autoridad.

El Principio de la Honra es una ley espiritual, porque Dios dice: “Yo honrare a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”  (I Samuel 2:30).

La honra es una clave esencial para recibir del cielo.  Me gusta referirme al versículo anterior como “el principio de la honra”.  Quienes honran a Dios, serán honrados.  Sencillamente, así funciona.  Todos los que honraron a Jesús, recibieron de Dios en la proporción en que se rindió la honra.

 

 

¡Gloria a Dios por Su Poder para nuestra salvación!

 

                                      En Su Poder …
                                                                                 Dr. Johel LaFaurie  
   

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