MEDITACION
 

Paz en la Tierra

Agosto 22, 2010

 

“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían:
¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”  - Lucas 2:13-14

 

as ovejas están calmadas. La noche es clara y estrellada. De repente el cielo se llena de huestes angelicales, cantando alabanzas al Gran Dios, el Dios de nuestros ancestros, Abraham, Isaac, Jacob y José.

Y escuchas una gran voz decir: Paz en la tierra. Y viajas a Belén para comprobar aquel grande anunciamiento, para encontrar al Mesías.

Pero en el camino, en tu mente comienzas a meditar en estas palabras, y te preguntas: ¿Paz? ¿De qué paz, si yo ni siquiera estoy en guerra? ¿Qué significa aquella paz si no hay batallas luchándose?

La palabra griega eirene no es la palabra correcta en este versículo. Ciertamente es la palabra escrita en el texto ya que el Nuevo Testamento fue escrito en griego, pero obviamente no fue la palabra que se habló aquella anoche. Aquellos pastorcitos en la pradera hablaban arameo, y obviamente escucharon la palabra shalom, la palabra hebrea para paz.

Hay un mundo de diferencia entre la idea griega de paz y la idea hebrea de paz. Lo que es crítico aquí es: En esa noche, Shalom es la palabra para entrega total, para rendirse.

La proclamación de Dios de Paz implica una cosa solamente para aquellos que aceptan Su Paz: Total Entrega.

Si quieres disfrutar el nuevo orden del mundo de Shalom, debes bajar los brazos, tu agenda y tu vida. Esta Paz es sólo para aquellos que reconocen que muerte al Yo es el camino de vida con Dios.

El Rey ya vino. El Mesías proveyó el camino. Y la Paz con Dios es el único regalo digno de ser deseado. Si tú no puedes abrazar esta Paz de todo corazón, entonces, Jesús no es para ti. Y tú todavía estas en guerra.

Tú estas todavía ocupado con los planes de guerra de victoria personal, con las tácticas de obtener lo que quieres, con sueños y esperanzas de tu propio reino.

Pero en esa noche, Dios anunció el final del conflicto. Jesús, la Paz de Dios, llegaba al mundo. Y aunque era un niño todavía, la realidad de Dios ya era completa para todos aquellos que lo recibían.

La victoria es el completo dominio de Dios. Y esta victoria requiere total entrega de todas las fuerzas opositoras. Todo aquel que quiera entrar en este pacto de Paz tiene que gritar de corazón: “Me rindo. Total entrega.”

Rendición incondicional significa la muerte. Paz en la tierra es el anunciamiento de la muerte de mi Yo. El Regalo de la Vida requiere la muerte del Yo. Paz es la visualización de la tumba del yo. No hay otra manera.

En esa noche los ángeles también proclamaron Gloria en los cielos [altura]. Vivir para el Rey es vivir para Su Gloria. Vivir para la gloria en la altura es la única gloria digna de vivir. Toda otra gloria es guerra, es conflicto, es vanidad, es muerte.

Observemos algo muy importante que la paz en la tierra está condicionada a la gloria en el cielo. Están íntimamente conectadas. Esto es, no gloria en los cielos, no paz en la tierra. Nunca tendremos verdadera paz si primero no buscamos vivir para Su Gloria. Notemos que las naciones y pueblos entre más viven para sus gloria vanas, menos paz consiguen, y más guerra experimentan.

¿Tienes guerra todavía en tu corazón? ¿Tus pensamientos son una constante turbulencia? ¿Tu corazón está lleno de temores e inseguridades? Si es así, entonces todavía estas en GUERRA y no conoces la PAZ.

Así que mi amado lector, Shalom. Sólo Jesús es Shalom. Ríndete a Él.

 

“Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.”    - Génesis 15:15

 “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado….Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros." - Mateo 10:7, 13

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”                 – Juan 14:27

 

                                      En Su Paz …
                                                                                 Dr. Johel LaFaurie  
   

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