MEDITACION
 

¡Se Libre y Enderézate!
Experimenta el Poder de la Palabra y
del Espíritu de Dios.

Octubre 22, 2010


 

uando Jesús caminó sobre la tierra, multitudes le seguían y se reunían alrededor de Él. Estos venían por varias razones, sobretodo para ser tocados por Él o para tocarle.

Cuando ese toque de Fe ocurría, poder salía de Jesús, y las vidas, cuerpos y destinos de las personas nunca serían iguales, tomando lugar siempre una trasformación.

“Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí” (Lucas 8:45-46).

Doquiera Jesús iba, había una liberación de Su Palabra y la correspondiente liberación del Poder sobrenatural de Su Espíritu.

En una ocasión, en el día de reposo, vino a Jesús una mujer enferma durante 18 años. Ella estaba encorvada y no se podía enderezar.

Cuando Jesús la vio, la llamó. Entonces Él dio la palabra, “mujer, eres libre de tu enfermedad”, inmediatamente el poder del demonio que la esclavizaba fue roto. En ese momento aquel poder maligno salió de ella, y ella quedó libre.

El poder de la Palabra de Jesús perforó instantáneamente la esclavitud demoníaca que había plagado a esta mujer liberándola del poder de la oscuridad.

Las cadenas de esclavitud de satanás siempre se rompen a la voz de Jesús. El diablo no puede retener su asidero que paraliza la vida de uno quien Dios ha enviado Su Palabra demandando la liberación de esa persona. El espíritu de enfermedad que había causado a esta mujer 18 años de dolor y sufrimiento huyó en terror.

Pero la obra no estaba completa aún. Aunque aquel espíritu de enfermedad había huido de la mujer, su condición física no había cambiado. Luego vemos que Jesús puso Su mano sobre ella para que se enderezara.

Así, ella fue liberada por el Poder de la Palabra y enderezada por el Poder del Espíritu Santo. E inmediatamente ella glorificaba a Dios.

“Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo;  y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad [El Poder de la Palabra de Dios]. Y puso las manos sobre ella [El Poder del Espíritu de Dios]; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.”                                                                                             – Lucas 13:10-13

Necesitamos esos dos poderes la Palabra  y el Espíritu obrando en nuestras vidas. “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).

Creo que este milagro revela una gran verdad espiritual. Jesús envió Su Palabra y destruyó el poder del diablo sobre la vida de esta mujer. La causa primordial del problema de esta mujer, el espíritu de enfermedad que había torcido su cuerpo, había sido forzado a soltar su garra de la vida de ella. ¡Fue hecho instantáneamente! Pero el milagro hasta allí estaba incompleto. El cuerpo de la mujer todavía estaba torcido y doblegado.

Ella todavía tenía el mismo dolor físico que había sido causado por ese espíritu de enfermedad que había partido. Todavía necesitada de una segunda dimensión de sanidad que sólo podría venir por el impartir del  poder de Jesús. Aquella mujer había escuchado la Palabra de Dios, pero ahora tenía que ser tocada por el poder de Dios, para que su restauración fuese completa.

¿Cuantas personas en las iglesias hoy, quienes, como esta mujer, han escuchado la Palabra de Dios y aún sus vidas están torcidas, encorvadas, y viviendo vidas en un nivel que es muy por debajo de lo que Dios ha deseado para ellas, donde todavía no glorifican a Dios?

Sus condiciones puede que no sea física, pero están torcidas, doblegadas y encorvadas de todos modos. Puede que hayan asistido a la iglesia por muchos años, puede que oren y lean la Biblia fielmente, y puede que intenten vivir vidas que honren a Dios, pero en sus corazones, sus mentes, emociones y actitudes, todavía están encorvadas, porque el efecto del poder de las tinieblas que en una ocasión los esclavizó, todavía permanece.

Es como cuando la basura de la cocina se fermenta y se corrompe en el tacho, e impregna toda la cocina, y si fuese posible, el resto de la casa. Entonces sacamos la basura fuera de la casa directo al basurero, pero su efecto todavía permanece en la cocina, en el tacho de basura, posiblemente en la ropa y aún en nuestras manos. Si no tratamos con aquel mal olor que todavía permanece dentro de la casa es como si no hubiésemos sacado la basura todavía. Aquella mujer todavía tenía el efecto esclavizador sobre su cuerpo, hasta que Jesús la tocó.

Jesús destruyó el poder del diablo cuando derramó Su Sangre en la cruz. “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:13-15).

Cuando una persona cree esta verdad, el poder del pecado y de la muerte es roto sobre ella, pero puede que no lo parezca, lo sienta ni lo experimente.

Muchas personas han ESCUCHADO la Palabra de Dios, pero no han EXPERIMENTADO el Poder de Dios, el cual es capaz de “enderezarlos”.

Tenemos que tener ambos la Palabra de Dios y la experiencia del toque de Su mano en nuestras vidas, si es que queremos vidas que le glorifiquen.

La Palabra de Dios destruye el poder del diablo, pero es el poder de Su Espíritu el que hace que una persona torcida y encorvada se enderece.

Debemos aprender a vivir ambos en la autoridad de la Palabra de Dios y también en la presencia de Su Espíritu en continua base.

Su presencia es Su vida y el poder. ¡Es en ese lugar de vivir en Su presencia que se transforma una vida que ha sido puesta en libertad de la garra del enemigo en un creyente que puede levantarse rectamente, vivir rectamente, y adorar a Dios en la libertad y bendición que Dios desea para todo Sus hijos!

La salvación es completa, da poder, gloria, honra, y sobretodo nos capacita para glorificar a nuestro Potente Salvador (Sal. 140:7). “El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; Y en tu salvación, ¡cómo se goza! .. Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien; Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. Vida te demandó, y se la diste; Largura de días eternamente y para siempre.  Grande es su gloria en tu salvación; Honra y majestad has puesto sobre él. Porque lo has bendecido para siempre; Lo llenaste de alegría con tu presencia. Por cuanto el rey confía en Jehová, Y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido. (Salmo 21:1-7).

El Cristianismo no es una explicación vacía de experiencia, sino que es una experiencia que demanda una explicación. A esto se refirió Pablo cuando dijo, “Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (I Corintios 2:4-5).

Fue el mismo Pablo quien declaró, “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).

El Evangelio de Jesucristo es cómo un poderoso cañón de artillería con dos largos barriles. De un barril procede el [dunamis] Poder de la Palabra escrita de Dios. Del segundo barril procede el [dunamis] Poder de la Presencia tangible del Espíritu de Dios. ¡Tenemos que tener a AMBOS!

Cada vez que Jesús ministró en la tierra, Él disparó ambos barriles simultáneamente. Fue por la Palabra y por el Espíritu que toda la creación fue hecha. Ambos fueron disparados. La mujer enferma durante dieciocho años recibió a ambos la Palabra y el Toque del Espíritu, y fue totalmente libre.

Muchas personas todavía necesitan ser libre de la garra del enemigo por el Poder de la Palabra predicada. Pero una vez que el espíritu de esclavitud de pecado y tiniebla ha sido roto, todavía necesitan la sanidad y restauración del daño a sus vidas que el enemigo trajo.

La mano del diablo sobre ellos ha producido vidas torcidas, llenas de temores, fortalezas e impedimentos. ¡Por ello las personas deben experimentar la mano de Jesús de la cual fluye el poder de bendición que últimamente producirá una vida cambiada y gloriosa!

Satanás quiere mantener a los escogidos de Dios impotentes y doblegados. Mientras los cristianos permanezcan quebrantados y sin poder, ellos son impotentes y no son una amenaza a su reino mientras viven sobre la tierra. La peor pesadilla del enemigo es cuando su poder espiritual sobre una persona es roto y está persona puede pararse firme por el poder del Espíritu Santo y ser fuerte y viva en la plenitud de la victoria que Jesús compró en la cruz.

Debemos predicar el Evangelio glorioso de la Palabra de Dios que destruye la esclavitud de Satanás. Y también debemos proclamar un Evangelio que incluye el poder sobrenatural de Jesús por el Espíritu Santo que es capaz de hacer a personas enderezadas totalmente, cambiadas y bendecidas.

¡Este es el único Evangelio que trae gran gloria y honor a Dios! Jesús nunca vino a destruir sólo el poder pasado del diablo en las personas y entonces sólo ayudarlos a que aprenden a vivir con los efectos persistentes que el pecado ha dejado atrás en una manera derrotada, torcida, y doblegada.

Jesús dijo, "Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:9-10). ¡Él desea para todos los escogidos, a los que ha puesto en libertad, que se levanten como reyes y sacerdotes y reinen sobre la tierra, que traigan gran gloria a Dios!

 

                                     

                                      En Su Doble Poder…
                                                                                 Dr. Johel LaFaurie  

   

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