MEDITACION
 

Verdadera Libertad en la Cruz
La palabra de la Cruz es Poder de Dios
Agosto 31. 2010

“Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”                        – I Corintios 1:17-18

 

odo hombre que venga al Señor con un corazón sincero deseando libertad y que actué según los principios bíblicos, experimentará libertad del poder del pecado. Las Escrituras garantizan total libertad para todo aquel que la desee genuinamente.

Sin embargo, si una persona experimenta libertad de un pecado habitual como la pornografía, adicción sexual, licor o consumo de droga, al practicar los principios de Dios, pero al final de su adoctrinamiento todavía permanece en orgullo, resentimiento, corazón crítico, amargura, o amor hipócrita, esta persona todavía permanece en la cárcel del pecado y no ha experimentado el Poder de la Cruz todavía.

De igual manera, toda pareja que tome el curso de Libertad Financiera y experimente cierto nivel de prosperidad en sus finanzas, o si toma el curso de Matrimonios de Pacto y experimentan un nuevo nivel de unidad conyugal, pero al final de su curso todavía permanece en orgullo, resentimiento, corazón crítico, amargura, o amor hipócrita, esta persona todavía permanece en la cárcel del pecado

Tal persona todavía esta llena del peor pecado: Su propio Yo. Su naturaleza no ha cambiado.

El cristianismo comienza y termina en el corazón. Una persona puede encontrar alivio de sus adicciones, pero si su corazón no ha cambiado, ¿qué ha logrado?

El Verdadero Evangelio no es el poder para obtener una vida más feliz en la tierra. Más bien, es el Poder que nos dirige a Cristo, a una vida que es agradable a Dios. “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16)

El concepto de libertad de Dios es muy diferente que el concepto superficial del hombre. El Señor nos quiere ver libres no tan sólo de los efectos sino también de la causa de los pecados habituales: la Vida del Ego. El Señor no trata tanto el pecado mismo como la naturaleza del pecado.

El pecado florece en la vida del Ego. Tratar con el pecado en sí mismo es como poner cremas y ungüentos externamente a las llagas pero descuidar totalmente el desbalance toxico y el pH de la sangre. Si no tratamos la causa, nuestra condición se va empeorar a pesar que usemos los ungüentos más eficaces.

Todos los pecados habituales son el producto de la vida centrada del Ego. Una persona es adicta a la droga o a otro vicio porque esta consumida con el Ego. Si no tratamos nuestra naturaleza egoísta en la Cruz de Jesús, la tendencia al pecado permanecerá.

Tratar con nuestra naturaleza egoísta es tratar con la carne y sus deseos. Este es el proceso de la Santificación, donde cada creyente debe mortificar los deseos de la carne con el poder y dirección del Espíritu Divino. Es por ello que un creyente lleno del Espíritu exhibirá el Fruto del Espíritu: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23). El Fruto del Espíritu es la evidencia de una nueva naturaleza en nosotros, la de Cristo.

Aunque no podemos cambiarnos a nosotros mismos, debemos responder y cooperar con la actividad y deseos del Espíritu Santo en nuestras vidas.

¿Qué tiene que ver todo esto con la Cruz? La Cruz representa ambos el trabajo inicial del Espíritu Santo de Regeneración y el trabajo continuo de conformarnos a la Imagen de Cristo. La vida centrada del Ego y sus frutos del pecado ambos son tratados en la Cruz de Jesús. La verdadera libertad en el Reino de Dios, la interna y la externa, sólo se encuentra en la obra de la Cruz cuando nos sometemos a la Persona Divina del Espíritu de Santificación, porque la palabra de la Cruz es Poder de Dios.

 

Una Advertencia muy importante
Pablo, Apóstol a los gentiles, estaba en sus años sesentas cuando fue arrestado por última vez. Nerón había lanzado una sangrienta persecución contra los cristianos en Roma.

Mientras Pablo aguardaba para ser ejecutado en su prisión en Roma, él escribió su última carta a su discípulo Timoteo, donde les dio algunas instrucciones acerca de los últimos días.

Él escribió: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (II Timoteo 3:1). Los tiempos peligrosos que Pablo se refería serían tiempos muy difíciles de soportar.

Estas palabras causarían a cualquier estudiante de las Escrituras pensar de dura persecución y quizás de juicios terribles sobre la tierra. Pero no, eso no es lo que preocupaba al apóstol.

Su mayor preocupación era que los creyentes se apartaran de la Fe. Él pudo prever por el Espíritu de Dios una gran crisis, siendo la Gran Apostasía.

“Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” –vv 2-5

En otras palabras, Pablo vio el peligro de una forma de piedad con ausencia de la Cruz. Ese es el mensaje que hoy en día abunda. Es un falso evangelio donde no se predica la muerte del yo, sino por el contrario mejorar tu ego.

El Mensaje de la Cruz
En los días acercándose al Calvario, Jesús comenzó advertirles a Sus discípulos acerca de su inevitable muerte. “Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día” (Lucas 9:22).

¿Padecer muchas cosas? ¿Ser desechado? ¿Ser muerto? ¿Cómo estos hombres simples responderían a tan alarmante declaración?

El mensaje de Jesús era uno lleno totalmente de la Cruz. Con excepción de Judas, estos hombres iban a pasar el resto de sus vidas entregándolas en el nombre de Jesús.

La muerte de Jesús en la Cruz abriría el único camino que nos libraría del poder del pecado y nos entraría al Reino de los Cielos. La Cruz es la única avenida que nos lleva directo a la Gloria.

El Calvario representa el gran amor de Dios por la humanidad, un amor celoso, un amor que espera afecto reciproco. La Cruz de Jesús nunca significó un pase gratis para vivir en desobediencia y rebeldía. La Cruz no acomoda ni excusa al Ego del hombre, sino que lo humilla.

Aquellos que deciden seguir a Jesús serían reconocidos por sus similitudes distintivas a Su vida y a Su muerte. El camino de Judas representa el deseo de todos aquellos que quieren vida eterna pero sin la Cruz de Cristo.

Después de advertir a Sus discípulos lo que iba pasar en Jerusalén, Jesús delineó el verdadero del falso cristiano: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (vv. 23-25).

En esta declaración, Jesús ofreció tres requisitos para ser Su seguidor:

Primero, Negarse a sí mismo.
Una persona no puede ni nunca podrá seguir a Jesús si no ha renunciado su alianza al Ego. Mientras el Ego reine en nuestro corazón, así seremos primariamente devotos a nosotros mismos y probaremos una y otra vez ser traidores del Reino de Cristo.

La diferencia fundamental entre un verdadero cristiano a uno falso descansa en el cuestionamiento de la lealtad. ¿Eres leal a Cristo y Su verdad o eres leal a tu Ego y tu opinión y parecer? ¿Harás la voluntad tuya o la de Cristo? ¿Cuándo las cosas se ponen rojas, donde está tu lealtad? ¿Escogerías el Camino de Cristo aún a sabiendas que recibirás perdida, persecución y quizá hasta la muerte? ¿Para quién anhelas la Gloria, para ti o para Jesús?

Segundo, Tomar tu cruz cada día.
No tan sólo es necesario nuestra renuncia inicial al Ego, sino que es necesario una continua renuncia durante nuestra vida de los reclamos y derechos del Yo. “Yo tengo derecho a ser honrado, a ser respetado, a ser amado.” “Yo me merezco esto y aquello.” “Yo me esfuerzo y resuelvo hacer esto u lo otro.”

Nacer de nuevo significa que la persona es convertida de una existencia egocéntrica a una vida Cristocéntrica

Tercero, Sígueme.
La Vida entera de Jesús estaba dirigida hacía una sola dirección, a la Cruz. Por más que nosotros pintemos bonito y con brillo la vida cristiana, las Escrituras no presentan una ilusión ni esconden el difícil camino.

Pero muchos hoy en día intentan presentar otro evangelio, uno que permita el Ego mantener su control. Este falso evangelio va en dirección opuesta de la Cruz.

Seguir a Jesús significa la renuncia y entrega del control. Si la tentación de la antigua serpiente a nuestros primeros padres fue tomar el control, decidir por mi mismo todo, el verdadero evangelio da todo dominio y control, al Señor Jesucristo.

Cuando yo tengo el control termino en muerte, depresión, vanidad, egoísmo, y temores. Pero cuando Jesús está en control, yo termino en vida, paz, justicia y gozo.

Por ello Pablo nos escribió, “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (I Corintios 1:18).

Este texto establece la diferencia entre los dos sistemas de pensamientos opuestos, el vivir del Ego y el vivir por Cristo.La vida del Ego no quiere renunciar a los placeres de la carne, no renuncia el control, y por lo tanto la cruz es locura. El vivir para Cristo, por el contrario, se niega a sí mismo, toma su cruz cada día, y sigue a Jesús.

Aquellos que rechazan a la Cruz puede que se obtengan mayor conocimiento bíblico a través de los años, pero no se convierte en una vida piadosa. Estos pueden que reclamen seguir a Jesús, pero nunca han experimentado la cruz.  Estos piensan que pueden seguir viviendo la vida egoísta del mundo y aún proclamarse cristianos. Están engañados. Su cristianismo es externo, pero sus corazones no han sido penetrados por la Luz del Evangelio. La dolorosa verdad es que son falsos convertidos. Nunca han estado en el Calvario. Con sus vidas niegan a Jesús, aunque sus palabras lo llamen Señor.

 

La Vida del Ego sólo valora una cosa: Que Dios haga lo que ellos quieren.
“Por qué, dicen, ¿ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto.” - Isaías 58:3

¿Por qué? – La gente se quejaba: ¿Por qué no nos escuchas? Hemos ayunado, hemos hecho nuestra parte, pero Tú no contestas.

¿Puedes ver cuan religioso podemos llegar a ser? La Vida del Ego sólo valora una cosa: Que Dios haga lo que uno quiere. Muchas veces somos una copia de estos hipócritas: “Señor, yo pago mis diezmos. Señor, yo oro cada día. Señor, yo nunca pierdo una reunión de domingo. Señor, sirvo de ujier. ¿Por qué no haces esto por mí? Contesta mi oración. Dame lo que te pido.”

Observemos muy bien: Detrás de cada queja, siempre hay un reclamo del Ego. “¿Por qué no me dan más autoridad? ¿Por qué no reconocen a mi hijo en la alabanza? ¿Por qué no me tratan como aquel líder?

El cáncer del Ego casi nunca lo vamos encontrar en forma grotesca de la inmoralidad sino en las formas religiosas que nos presenta Isaías. No importa cuan religioso parezcan las acciones, las motivaciones vienen directamente del infierno.

“Señor, haz crece nuestra congregación. Señor aumenta nuestro presupuesto. Señor, expande nuestro ministerio.” ¡Qué arrogancia! ¿Pensamos que Dios nos necesita para algo? ¿Nos consultó Él cuando formó la tierra? ¿Somos necesarios para Sus planes?

Suplicas como estas son el filo de la gratificación del Ego. Ellas piden a Dios que endorse nuestra voluntad pero Dios nunca actuará para traer gloria a nuestros planes. En efecto, Jesús más bien nos enseñó a orar: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10).

El camino a Belén enrumba a la destrucción del Ego. Desde que nació Jesús hasta Su cruz, no vemos otra cosa que la voluntad del Padre fue hecha. Allí en el humilde pesebre comenzó la destrucción del orgullo.

Jesús no nació porque nosotros demandamos una solución. Él nació para ser Rey, para liberarnos de la horrible esclavitud del Yo. El Ego es nuestra tiniebla, nuestra opresión.

Nuestro Gran Campeón.
Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.   – Jeremías 20:11

Campeón: h1368 - guibbor; intensivo de lo mismo que 1397; poderoso; por impl. guerrero, tirano:—esforzado, esfuerzo, fuerte, gigante, grande, de gran vigor, hombre, poderoso, valentía, valeroso, valiente, valor, varones de guerra, vigoroso.

Gigante: h6184 - aríts; de 6206; temeroso, i.e. poderoso o tiránico:—impío, fuerte, sumamente enaltecido, violento.

Dios es bondadoso pero también es tirano. La misma palabra aríts que es usada para describir una persona sin compasión es usada aquí para describir a Dios.

Dios nunca mostrará compasión para vencer el mal. Él siempre estará listo para perdonar aquellos que se arrepienten de sus malos caminos, pero nunca aceptará el mal que exhiben. Su santa Palabra nunca cambiará y aceptará lo que Él condena. Dios es Gigante – Tirano - contra el mal.

Las dos palabras presentadas aquí literalmente significan “poderoso o esforzado” y “temeroso, tirano, o violento”. Dios se opone al mal en toda forma. “Que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación” (Éxodo 34:7).

Él es el Campeón de Justicia. El Victorioso Poderoso sobre todos los que le odian. Y todos los que se le opongan experimentarán Su ira y serán derrotados. Sí, Dios es esforzado en Su búsqueda de santidad.

Dios ha declarado la guerra contra toda impiedad. La Guerra continuará hasta que Él aparezca totalmente victorioso.

Con tal realidad del carácter exuberante de nuestro Dios en el horizonte, ¿por qué la gente todavía escoge el bando equivocado? ¿Por qué escogen la causa perdedora? ¿Por qué la gente piensa que escaparan la ira tirana de Dios contra el mal?

La respuesta es muy sencilla: Nosotros queremos nuestro propio camino. Cambiar de bando significa someterse a Dios. Esto requiere la muerte de nuestros malos y antiguos deseos. Sólo puedo unirme a las fuerzas de la santidad si muero a las fuerzas de la impiedad. No me convierto si no entro a la tumba del Yo.

Pero tu y yo si es que hemos nacido de nuevo, si es que hemos experimentado el Poder del Calvario, si es que hemos ido a la Cruz de Jesús por el perdón de nuestros pecados y por una nueva naturaleza, si es que estamos siguiendo a Jesús cada día al seguir a Su Santo Espíritu, entonces tenemos un Poderoso Campeón a nuestro lado, con todas las fuerzas e intenciones para librarnos de todas las fuerzas del mal. Alabado sea nuestro Dios. Aleluya.

¡Gloria a Dios por el Poder de la Cruz para todos los que creemos!

 

                                      En Su Cruz …
                                                                                 Dr. Johel LaFaurie  
   

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